Comprometidos por México
22 octubre, 2018

Una de las metas que tenemos en ANSPAC es lograr que nuestras familias vivan, custodien y comuniquen el amor en su hogar, reflejándolo en la sociedad; lo que nos lleva a hacer énfasis en la constancia y congruencia en nuestras vidas: pensar, habla, actuar… siempre alineados.

Nuestro país vive un entorno cada vez más complicado y a través de la tecnología y los medios de comunicación nos enteramos prácticamente al instante de lo que sucede a lo largo y lo ancho del territorio nacional y en el resto del mundo. Usualmente se le da más cobertura a las desgracias, desastres, crímenes, a todo lo negativo y muy poca cobertura y difusión a lo positivo, a lo hermoso, a lo que alimenta el alma, alegra el espíritu y genera paz en nuestros corazones, cuando de uno en uno, de corazón en corazón, de familia en familia podemos generar la paz en nuestro entorno para que prevalezca en nuestro país.

Por lo anterior, es preciso que cada quien fomente en su hogar el ambiente de amor y seguridad que se requiere para luego poder reflejarlo y proyectarlo en la sociedad. Así es responsabilidad de cada uno de nosotros construir y fortalecer nuestro “tejido social”.

El tejido social no se refiere a una reunión de amigas con madejas de estambre y gancho o agujas. El tejido social es todo lo que tenemos en común quienes pertenecemos a una comunidad, es lo que nos hace sentir y manifestar solidaridad, no solo en caso de desdichas, desastres naturales y tragedias, sino también en las ocasiones de gozo y felicidad y es muy necesario para mejorar la calidad de vida en las comunidades. El tejido social es todo lo que nos une, lo que nos hace ser lo que somos y sentirnos parte de una misma cultura, de una misma tradición; lo que nos da fortaleza en conjunto por qué sabemos que contamos con nuestra familia, con nuestras amistades, con nuestros vecinos.

La fortaleza del tejido social se percibe en las relaciones que se dan entre las personas, en como se respetan las reglas y los derechos de los demás. Cuando hay un tejido social fuerte se tiene el ambiente propicio para crear metas comunes que benefician a las grandes mayorías.

Ante los acontecimientos que hemos estado viviendo en casi todo el país aunando al problema tan crítico del desempleo, con todos los aspectos que esto conlleva: la crisis del campo, la inseguridad, la narcoviolencia, la migración, el incremento de las poblaciones vulnerables. Esta crisis generalizada agudiza la sensación de que en México se está deshilachando el tejido social. Esto crea tristeza, angustia, pesadumbre, nos hace sentir indefensos, nos provoca miedo y, muchas veces, hasta nos paraliza.

¿Cómo podemos construir y reconstruir nuestro deshilachado tejido social?. La premisa indispensable y prioritaria para la reconstrucción es la vinculación entre vecinos. Al vincularnos unos con otros, unimos voluntades y esfuerzos para hacer mejoras en cada colonia, cada comunidad, cada municipio. Es decir, se identifican los recursos disponibles en la comunidad y los dones y talentos de sus residentes para multiplicarlos y así, ser gestores del cambio en beneficio de todos.

Por ello es importante promover la construcción del tejido social fortaleciendo el sentido de pertenencia, la convivencia, la participación activa, la seguridad y la recuperación de los espacios públicos para el uso y disfrute de todos.

Algunas ideas en las que todos podemos trabajar para reconstruir y fortalecer nuestra comunidad son:

  • Educar y formar a nuestras familias en el amor, el respeto y la sana convivencia.
  • Disminuir, hasta erradicar, la violencia intrafamiliar.
  • Recuperar los valores cívicos y la cultura ciudadana.
  • Conocer, respetar y hacer respetar los reglamentos de tránsito y vialidad, con el fin de tener todos más seguridad y una convivencia amable.
  • Hacer alianzas estratégicas con los diferentes líderes sociales para llegar a acuerdos ciudadanos.
  • Promover y apoyar la participación de los jóvenes en los proyectos comunitarios, ya sean deportivos, culturales o de desarrollo social.
  • Generar oportunidades de trabajo para los diferentes grupos de edad.
  • Participar en voluntariados diversos.
  • Apoyar a la educación.

Tenemos en nuestras manos la capacidad de transformar nuestro entorno y, a través de acciones locales, recuperar el sentido de comunidad y vecindad que las ciudades están perdiendo en su crecimiento. Por ello es importante crear y apoyar grupos de vecinos con una nueva forma de interactuar, fortaleciendo la unión de los ciudadanos que es el tejido social.

El gran reto que enfrentamos todos en México es dar a las personas un cierto sentido de seguridad y recuperar la paz social.

ANSPAC a través de su objetivo de promover la participación inteligente, equilibrada y responsable en el progreso de la familia, de la sociedad y por consiguiente de la Patria, estimula la cohesión social y el sentido de pertenencia a la comunidad. Es un gran reto en el que debemos de colaborar todos, día con día, semana tras semana. Con eso, estamos ayudando a crear el ambiente propicio para el respeto a los demás y a las leyes, acciones que redundarán en beneficio de la sociedad, apoyarán la cultura del trabajo y restituirán la confianza en el progreso de nuestro país.

Los problemas que hoy consideramos extremadamente complejos y de enorme magnitud serán más fáciles de resolver si cada uno de nosotros hace un pequeño pero valiosísimo esfuerzo. Cuando gente ordinaria participa y pasa de ser un simple espectador a un agente de cambio, cuando empieza a dar lo mejor de sí mismo por los demás, se da una sinergia positiva y transformadora. Así nuestros pensamientos, palabras y acciones estarán bien alineados.

Cada familia reconstruye el tejido social cuando se esfuerza por:

  • Conocer a sus vecinos y colaborar con ellos.
  • Mantener limpia la calle y cuidar su parque.
  • No obstruir cocheras, espacios privados o reservados para minusválidos.
  • Controlar el volumen de su música en consideración a sus vecinos.
  • No tirar basura en la calle.
  • Participar activamente en juntas de vecinos.
  • Aportar sus dones y talentos en acciones voluntarias de la iglesia, la escuela o comunidad.

No hacer a otros lo que no quiera que le hagan.