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“Celebrar” es honrar un acontecimiento valioso en tu vida, por qué celebras lo que amas y lo que amas y quieres preservar y engrandecer. Es un verbo que está implícito en la naturaleza misma del hombre, por qué no existe ni una sola cultura, ni antigua ni moderna, que no tenga sus rituales, sus fiestas y sus celebraciones propias, como se trate de una feria del pueblo, una peregrinación, una posada, el cumpleaños de un niño, el aniversario de los padres, el sábado judío o el domingo cristiano. Todos los pueblos tienen sin fin de festejos, pues parece que todos necesitamos ponernos solemnes en alguna ocasión para alegrarnos juntos, para llorar juntos, para rezar juntos, para estar juntos.

Nuestro México es particularmente rico en fiestas y tradiciones que dan mayor solidez a nuestras raíces y nos hacen sentirnos profundamente orgullosos de pertenecer a esta gran nación y de sentirnos solidarios con todo nuestro pueblo. Y por todo esto es tan importante que si vamos a festejar, aprendamos a hacerlo dándole a las fiestas su verdadero significado, para que nuestro gozo no se quede en una simple “borrachera de felicidad” hueca, vana y vacía.

Una verdadera celebración debe ir siempre acompañada de crecimiento, tanto personal como colectivo; siempre ayudarnos a ser mejores como personas, como ciudadanos, como instituciones, como pueblo. Es la superación integral y constante para ser mejores y ayudar a que los demás también lo sean.

Además, el celebrar es un momento ideal para reflexionar, para analizar, para examinar y ver cuáles han sido los aciertos para multiplicarlos, pues si festejamos es por qué reconocemos que algo se ha hecho bien; pero también es importante detectar y reconocer las fallas, no para amargarnos con ellas, si no para evitarlas y corregirlas.

Celebrar es un hecho lleno de belleza que agrupa acciones como descansar, disfrutar, expresarse, acoger y agradar. Pero además de esto, podemos distinguir tres elementos esenciales en el celebrar y que vienen a fundamentar los motivos que nos impulsan a hacerlo:

Agradecer: Consiste en saber apreciar todos los dones que se han recibido, pero a la vez, en no reprochar por aquellos que no nos han sido dados.

La gratitud también implica la reconciliación, el saber perdonar los agravios y ofensas que hayas recibido, y a la vez pedir perdón, reconociendo el dolor de quienes hayamos podido ofender en el camino. No puede haber una historia de tantos años sin reconciliaciones constantes, fruto de la humildad.

Servir: Una palabra tan hermosa y tan devaluada hoy en día, por qué con frecuencia la equiparamos con al siervo, al esclavo. Nada más lejos de la realidad, por que el verdadero servicio es aquel que nace de la voluntad, del corazón y que te permite llenar tu vida de amor y encontrar la felicidad real y profunda en la atención al prójimo.

Renovar el compromiso: Por qué no son suficientes los recuerdos; para crecer y llegar a la plenitud necesitamos actualizarnos constantemente, descubrir que nuestra alegría se enlaza con el gozo de quienes vienen detrás y a quienes no podemos dejar solos. Y por ellos debemos levantar nuestro ánimo, inyectar con amor ese deseo de superación, que es lo único que le puede dar sentido.

Proyectarnos, cumplir con la misión que nos ha sido encomendada, salir al encuentro de quienes nos necesitan, por qué solo puede haber una verdadera celebración si está abierta a todos. Por eso debemos de empeñarnos en llegar a más personas, por ayudarlas a ser más plenas y felices, convencidas de que nuestro esfuerzo tiene un sentido, por qué vamos a dejar un mundo mejor para nuestros hijos.