La familia alrededor de la mesa
23 noviembre, 2018

¿Círculo o espiral?

En momentos surge la reflexión de que si lo que estamos haciendo y la manera en que estamos trabajando es un círculo que se repite año con año… o una espiral. ¿Estamos cerrando el año igual que como lo iniciamos o mejor que como lo iniciamos? ¿Hicimos nuestro mejor esfuerzo para avanzar o quedamos igual que antes?.

La respuesta a las preguntas anteriores dependerá en gran parte del esfuerzo que le hayamos puesto a todas nuestras actividades.

Esta reflexión personal se aplica para todas las funciones que desempeñamos, en el trabajo, dentro y fuera de casa, en las actividades deportivas, sociales, académicas, en la acción comunitaria, en todo, en nuestro diario vivir.

Nuestro mejor esfuerzo se diferencia del simple esfuerzo por un amplio margen que proporciona la pasión, empuje y entusiasmo con que hayamos actuado. La pasión por tener éxito en nuestras metas, por alcanzar la excelencia, por aprender cada día más, se traduce en una invaluable fuente de energía, alegría y fortaleza.

Efectivamente, esa energía innata en nosotros nos lleva a hacer nuestro mejor esfuerzo. Todo la tenemos en nuestro interior. Depende de cada persona identificarla y canalizarla de una manera adecuada al propósito adecuado. Es precisamente esa capacidad de reconocer nuestras fortalezas y canalizar nuestra energía y nuestros esfuerzos lo que distingue a una persona de éxito de alguien que no lo obtiene.

Gracias a Dios y a los talentos que nos han sido dados, todos tenemos la capacidad de lograr nuestras metas, de ser excelentes personas, de alcanzar la excelencia en lo que nos propongamos, solo tenemos que ver hacia nuestro interior. La alegría y actitud positiva que tengamos y pongamos en práctica al paso del tiempo hará maravillas en nuestras vidas. Dios nos ha dotado a todos los seres humanos con una enorme fortaleza y energía. Solo se requiere que cada persona tome la decisión y “encienda” la energía positiva para que empiece a fluir y generar cambios favorables en sí mismo y en el entorno. Para ello, hay que considerar los siguientes factores:

  1. El tiempo es limitado. Todo esfuerzo requiere de acción en determinado momento. En ocasiones, unos minutos de esfuerzo adicional pueden hacer que las cosas cambien. Todo el trabajo arduo que se ha realizado requiere un mejor esfuerzo por un tiempo breve para llevarlo al máximo.
  2. Hacer las cosas bien. No hay nada que se compare con el trabajo bien hecho. Cuesta mucho esfuerzo, pero vale la pena. Hacer las cosas bien, cuidando los detalles, brindar confianza y la certeza del deber cumplido. No es cuestión de suerte, hacer las cosas bien tiene su recompensa.
  3. Tomar conciencia. Es decir, pensar en que queremos que las cosas salgan bien y lo que tenemos que hacer para lograrlo. Hay que enfocar nuestros pensamientos hacia el éxito y pedir en nuestras oraciones que todas nuestras acciones estén bien orientadas a alcanzar las metas.
  4. Necesitamos desear alcanzar el éxito. Quererlo, desearlo, sentir esa necesidad que nos impulsa a lograr las metas.
  5. Ser flexibles, adaptarnos al entorno, ajustarnos a los momentos que nos rodean, pero sin perder de vista nuestras metas.
  6. Visualizar el éxito total. Imaginar el momento y la situación que deseamos alcanzar. El beneficio para uno como persona, para la familia, para la comunidad y el país. ¡Todo lo que podremos lograr si dirigimos adecuadamente nuestros esfuerzos!.
  7. Imaginar el futuro. Para esto hay que pensar en el cambio, en todo lo bueno que está por venir con nuestros logros. Pensar en todo el potencial de éxito que tenemos para hacer cambios positivos durante el resto de nuestra vida. Hay que pensar en ello y entrar en acción para lograrlo.
  8. ¡Sí se puede! Tenemos que ser, pensar y actuar optimistas y con agrado. Debemos emanar alegría y confianza a nuestro alrededor.
  9. Eliminar pensamientos negativos. Tan pronto surjan, es preciso desecharlos. No tienen cabida en nuestros pensamientos ni en nuestros cuerpos. Estemos atentos a impedirles acceso a nuestra mente y a nuestra alma.
  10. ¡Ojo con el lenguaje! Las palabras pueden controlar nuestra manera de pensar. Utilicemos palabras de connotación positiva, por ejemplo, no hablemos de “problemas” si no de “situaciones”. No tiene el mismo efecto las palabras. No se trata de evadir la realidad, sino de buscar la manera de enfrentarla con alegría, buen humor y confianza en que saldremos adelante.

El éxito se alcanza haciendo nuestro mejor esfuerzo. Lo bueno lleva tiempo, pero no es imposible alcanzarlo. Nuestros logros dependerán de lo dispuestos que estemos a alcanzarlos y que tanto esfuerzo, empeño y dedicación le pongamos.

Entonces… ¿círculo o espiral? ¿Cómo ha sido nuestra vida en los últimos años?. Si vemos que hemos permanecido en círculos ¿Qué vamos a hacer para entrar a la espiral y mejorar? ¡Si se puede!.